Bajo mi punto de vista, a principio de los 90 se produjo un interesante cambio cualitativo en el mundo del tatuaje, el surgimiento de lo que yo me he permitido llamar “Tatuaje de Autor”. Hay que pensar que hasta entonces la labor de tatuador, mayormente artesanal y marginal, había sido realizada por gente con más valentía que conocimientos técnicos ni artísticos. Ocurre en ese momento, probablemente animados por la saturación de otros sectores laborales como el Diseño Gráfico, que profesionales del mundo gráfico con preparación académica empezamos a interesarnos por la dermografía. Así empieza a identificarse la autoría y el estilo de los tatuajes. Paulatinamente una ola de auténtica creación artística se impondría a la producción meramente artesanal.
En ese contexto empecé una carrera que dura hasta hoy día, buscando poco a poco un estilo propio que me apasiona pero que inherentemente me ha obligado a muchas horas de estudio y a una importante depuración técnica: el Retrato y el Tatuaje Realista.

Por citar algunos, mis grandes referentes fueron, a través de las escasas publicaciones que en esa época podíamos conseguir, Tom Renshaw, José López y Bob Tyrrell. Pasé horas admirando sus trabajos en las revistas y analizando cada detalle, preguntándome cómo podría conseguir aquellos fantásticos resultados.

Como consecuencia inicié un intenso trabajo personal de investigación en busca de una mayor precisión técnica que me llevó hacia 1997 a fabricar mis propias máquinas, las primeras que se hicieron en Valencia, a soldar mis primeras agujas de lengua de gato (hoy ya por todos conocidas como Round Magnum), y posteriormente a impartir seminarios para otros compañeros sobre Calibrado de Máquinas de Tatuar. Piénsese en una época en que la única información medianamente fiable a la que teníamos acceso era el libro Tattooing, A to Z de Spaulding & Rollers.

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